La Orquesta KarmetiK del Instituto de Arte de California está integrada por músicos y por... robots.
Las máquinas, diseñadas por los estudiantes de la escuela, no sólo son capaces de
interpretar las composiciones, sino también de improvisar junto a los músicos.
Mezcla de tecnología y chatarra que los alumnos recogen en los basurales de la ciudad, los robots suenan en escena como si fueran un músico más.

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