sábado, 22 de enero de 2011

Las Vacunas, un dolor necesario

Las vacunas son un gran triunfo de la medicina. Muchas de las enfermedades de las que provienen, la mayoría de nosotros nunca las hemos visto; esa es la medida de su éxito, porque esas enfermedades todavía existen. La primera vacuna de nuestro bebé nunca la olvidamos, su llanto, su susto, y es al nacer, contra la Tuberculosis, luego será contra la Hepatitis B, que suele ser también al nacer; le siguen, durante el segundo mes de nacido, las de difteria, tétanos y tosferina, polio y meningitis.

Otras como contra la bacteria de
Neumococo, que produce enfermedades como meningitis o pulmonía, se aplican a los bebitos de dos meses de nacido. Asi como la del Rotavirus, que protege contra diarreas severas, y se le pone al bebé a las seis semanas. La mayoría de las vacunas que recibe nuestro niño protegen para toda la vida, las que no, son reforzadas durante el crecimiento. Todas son seguras y eficaces y no debemos tener prejuicios ni miedos a la hora de aplicárselas a nuestro niño.

Las reacciones, Mamá, son bendiciones, si piensas que lo contrario sería la enfermedad: una fiebrecita, dolorcito en el brazo o la pierna, enrojecimiento e hinchazón, eso no es nada al lado de lo mortal o trascendente de una enfermedad. Empezar a tiempo a vacunar es empezar el primer día de nacido tu hijo. Yo te recomiendo llevar como un tesoro la tarjeta u hoja de vacunación.

El momento de vacunar a nuestro hijo es difícil, uno quisiera recibir todos los dolores una misma, evitárselo, pero Mamá, permanece tranquila mientras lo vacunan, háblale, cántale, cárgalo, no lo pongas sobre una camilla, que él no sienta el frío sino la tibieza de tus manos, y deja que llore.

Para ti, Mamá, será siempre una duda cuáles serán los momentos de tu bebé en que no deben recibir vacunas. Vacunar a nuestros hijos es una prevención ante enfermedades que pueden ser mortales, de manera que es vital que sean vacunados, pero siempre será bueno consultar con el pediatra para decidir administrar la vacuna en algunos casos, como por ejemplo, si el pequeño se encuentra atravesando una enfermedad que requiere de control médico; si el bebé es alérgico; si está atravesando por trastornos intestinales, intolerancias, vómitos; si ha tenido convulsiones febriles ante dosis previas.Porque también existen circunstancias en las cuales no se le debe administrar las vacunas.

Igualmente importante es que si el bebé tuvo una reacción grave o es hipersensible a algún componente de la vacuna, no se debe administrar otra dosis de dicha vacuna. Tampoco si ha tenido recientemente sarampión o una transfusión de sangre, ni si el niño sufre de alguna enfermedad aguda como bronquiolitis, neumonía, gastroenteritis o tiene inmunodeficiencia o epilepsia. Pero por otro lado existen síntomas que no impiden la vacunación, desde luego bajo consulta del pediatra, como una fiebre o un resfriado, como muchas veces pensamos erróneamente.

Los antecedentes alérgicos familiares no imposibilitan en modo alguno la vacunación, como tampoco estar próximo a viajar con el bebé. Las vacunas, como cualquier otro tratamiento, pueden tener respuesta, pero esas van a depender de factores individuales.

Existen dos corrientes con respecto al dolor en los bebés ante una vacunación. Algunos científicos y médicos en general están de acuerdo en evitarles el dolor a los bebesitos y otros comentan que las vacunas duelen, y ellos lo tienen que vivir o incluso también se suscribe que no deben dolerles tanto como se cree. Por eso, Mamá, lo mejor es prepararnos para ese llanto, llevar con nosotros un juguetito, una colchita, cosas que mimen, que arropen, y sobre todo, nuestra palabra dulce, tierna, cálida para el oído de nuestro niño. Y siempre tenerlo en nuesttros brazos, cargadito, contra nuestro pecho, porque eso le dará garantía de relajación, de gusto, de confianza. Mamá, el llanto de su hijo por una vacuna es bendición.

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